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Conquistadores natos, cazadores certeros, elegantes, amables, e inteligentes; seguros rápidos, dispuestos a querer y ofrecer simpatía, a complacernos y respetarnos; a llenar la casa de mágicos efluvios, a adornarla simplemente con su presencia, como si fuera un paisaje andante que nos aporta una parcela de naturaleza enigmática y bella, sorprendente como es ella. Su dulzura contrasta con su estética salvaje, sus elegantes poses con su distante cercanía. Prepararos para la conquista vikinga del siglo veinte. |
Me enamoré de un gato de aspecto salvaje. Su mirada escondía siglos de supervivencia, astucia, inteligencia. Detrás de sus pupilas algo asomaba: inquietante dulzura, enigmas que para descifrar había que zambullirse en los helados lagos de Noruega para salir de la profundidad de sus bien guardados secretos que sólo comunica a quienes se entregan por completo. He buceado en su mirada de ancestral desconfianza, matizada de verdes, azules, ámbares; he visto pasear sus tupidos mantos de pardos y suaves colores, su arrogante y segura silueta ha adornado mi vida, su sencillez y seguridad me han dado aplomo en los momentos difíciles, me han secuestrado mil veces, he sentido el síndrome de Estocolmo, me han desarmado y armado, fascinado y conquistado, me han dado paz, me han dado afecto, me han colmado. |
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