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Todos los gatos que convivimos con el hombre sabemos que, por su naturaleza pragmática e incrédula, forma parte de su esencia buscar explicaciones ante hechos insólitos. Como no sabían desde cuando los Bosques de Noruega vivían entre ellos, se inventaron una historia que se adaptase a su realidad. Sin embargo, cómo empezamos a vivir con ellos y por qué, eso no lo saben.
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Desde tiempos inmemoriales, los que ahora son conocidos con el nombre de Bosques de Noruega, vivíamos en las heladas tierras del Kurdistán. Éramos una tribu de gatos aventureros y grandes cazadores; nuestras habilidades eran famosas en todas las tribus de gatos. Como vivíamos en las nevadas montañas nos convertimos en una estirpe fuerte y resistente. Pero también éram os soñadores y nuestra necesidad de conocer no tenía límites. Una de las costumbres que practicamos es la de acompañar a los jóvenes en sus primeras expediciones; les enseñamos las artes de la caza y terminamos su aprendizaje definitivo. Para que no corran riesgos innecesarios, los jóvenes van acompañados de un experto cazador que les protegerá, a la vez que les irá explicando todos los secretos que se deben conocer para desenvolverse y regresar a casa con las piezas necesarias. ![]() |
Me enamoré de un gato de aspecto salvaje. Su mirada escondía siglos de supervivencia, astucia, inteligencia. Detrás de sus pupilas algo asomaba: inquietante dulzura, enigmas que para descifrar había que zambullirse en los helados lagos de Noruega para salir de la profundidad de sus bien guardados secretos que sólo comunica a quienes se entregan por completo. He buceado en su mirada de ancestral desconfianza, matizada de verdes, azules, ámbares; he visto pasear sus tupidos mantos de pardos y suaves colores, su arrogante y segura silueta ha adornado mi vida, su sencillez y seguridad me han dado aplomo en los momentos difíciles, me han secuestrado mil veces, he sentido el síndrome de Estocolmo, me han desarmado y armado, fascinado y conquistado, me han dado paz, me han dado afecto, me han colmado. www.flickr.com
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Este aprendizaje es progresivo y comienza en primavera, cuando la caza es más abundante y los jóvenes tienen más posibilidades de conseguir alguna pieza. En otoño, estos jovencitos ya han pasado a ser más independientes de la madre y se empieza con salidas más arriesgadas. Pero es el duro y frío invierno el que les enseñará definitivamente a sobrevivir. Estas etapas suelen coincidir con el desarrollo del gato. Cuando a la primavera siguiente están listos para procrear, también lo están para alimentar a su prole. En una de esas expediciones, de regreso a casa, iban un anciano cazador y un macho que había cumplido los once meses y estaba en la recta final de su aprendizaje. Ya pocos trucos le quedaban por aprender. El anciano era el que más experiencia tenía en la reproducción y su tarea consistía en enseñar la Última parte: cómo seducir a hembras de otras tribus para enriquecer el patrimonio genético de la nuestra. Por eso los desplazamientos eran mucho más largos, a sitios lejanos y de difícil acceso. Solían irse a mediados de diciembre y regresaban al finalizar enero. Durante el camino de regreso encontraron una cabaña, decidieron pasar allí la noche pues estaban fatigados. Al entrar, descubrieron un fuego que ardía lentamente, pero que no parecía necesario alimentar con troncos nuevos. El fuego era lento y envolvía la estancia en una suave luz. Despedía un aroma diferente del que ellos habían conocido hasta ese momento. Embriagados por su dulzura se quedaron dormidos, hechos un ovillo, al borde de la chimenea. Cuando despertaron, notaron una presencia, pero no veían a ningún ser viviente, sólo un minúsculo destello se desplazaba posándose suavemente en los Los dos miraban fascinados cómo el movimiento se expandía para luego reducirse a un pequeño punto de luz. No sentían miedo, estaban seguros de que aquella energía era positiva y que no les depararía nada malo. De repente, tomó forma y apareció ante ellos como una figura pequeña de hermosos rasgos, largos cabellos de color de oro y despidiendo diminutas chispas plateadas, que se desprendían de sus transparentes alas. Volaba a su Dijo que en su tribu, al igual que nosotros pasábamos una serie de pruebas, ellas debían de hacer lo mism o y estaba term inando su aprendizaje. Una vez terminadas y superadas se convertiría en un Hada, no sabía si sería de cuentos para niños o si le otorgarían otra misión. Les contó que su Última prueba era el viaje de regreso a su país de origen, un lugar que se encontraba lejos, muy lejos de allí. Debía llevar consigo algo que allí no tuvieran, que fuera útil y hermoso. Con un ligero movimiento, apenas perceptible, se convirtió en una dama ataviada con una diadema de brillantes cristales y una túnica rosada. Su cabello se derramaba hasta el suelo, como una cascada ondulante en una montaña enteramente nevada. Cómo nos dieron el primer obsequio nos lo contaron así. Se agachó hacia nosotros y acarició nuestras cabezas. Emitió un suave murmullo, lo que hoy conocemos como ronroneo y, en ese momento, sentimos que había entrado en nosotros. Depositó algo en nuestros corazones y salió emitiendo ese murmullo que, a partir de ese momento, nos dio, a los gatos, la oportunidad de comunicar nuestro bienestar, tanto entre nosotros como a los humanos y que emitimos en todos los momentos importantes de la vida. Ese fue el primer regalo que nos hicieron las hadas.
Para poder comunicarse más fácilmente hizo otro ligero movimiento con la vara y, alrededor de una nube de polvo dorado, apareció una gata blanca, de larga cola, porte elegante y grandes ojos rasgados. Estuvimos con ella durante varios días y, al despedirnos, nos hizo prometer que volveríamos a visitarla. Al llegar a casa contamos nuestra experiencia a los amigos y familiares. Todos estaban asombrados y los peques nos tiraban de la cola para que les lleváramos a visitar a la dama. Algo terrible empezó a ocurrir entonces, la Tierra, molesta por algún motivo que no conocemos, comenzó a moverse con grandes ruidos y a resquebrajarse. Las montañas cada día eran más altas, parecía que salían del interior del planeta. Una reunión urgente se convocó. Acudieron todos los ancianos de las tribus para tomar una decisión. Había que emigrar, irse a un lugar más seguro. Las diferentes familias estaban indecisas sobre qué rumbo tomar. Dentro de los clanes, uno, al que se le distinguía por su largo pelo, decidió irse hacia un lugar que, en el pasado, fue conocido como Persia y hoy com o Irán. Una familia conocida porque tenía el cuerpo blanco, las orejas y el rabo de colores rojizos, em prendió su camino hasta instalarse en el lago Van. Algunos de sus componentes no estaban de acuerdo y se quedaron con nosotros. El clan en el que sus miembros eran mayoritariamente blancos, emigró hacia un lugar que, más tarde, sería conocido como Ankara. Unos cuantos se quedaron con nosotros. Los indecisos decidimos posponer un poco más nuestra decisión, nos dolía en el alm a abandonar nuestras queridas montañas blancas. Pero la Tierra seguía agitándose y no se podía prolongar más el tiempo de tomar una decisión. Acudimos en busca de ayuda a la gran Dama Dorada. Nos recibió adquiriendo la forma de gata. Pareció iluminarse. Se detuvo un momento y nos hizo la siguiente proposición: "Venid conmigo, mi país es muy parecido a éste, con grandes lagos, montañas nevadas, her osos fiordos y frondosos bosques. Decidim os viajar con ella. Durante todo el camino se mostró con la figura de una grande y hermosa gata blanca. Nos advirtió que el camino sería largo y peligroso. Dijo también, con pena, que no todos llegaríamos al destino. Aunque su magia era grande, nos explicó que había otras magias más poderosas que la suya y que si nos teníamos que enfrentar a ellas, había que recordar que ella era sólo una principiante. Nos pidió que recogiéramos lo que nos quisiéramos llevar. El equipaje era ligero: la ilusión y la esperanza, la confianza en nuestra hada mágica y el recuerdo de nuestras montañas. Antes de irnos nos sugirió que mirásemos lo más hermoso que quisiéramos recordar. Algunos miraron hacia el valle, otros hacia el cielo azul, otros a los bravos arroyos. Desde entonces, se dice que si miráis despacio a los ojos de un Noruego, hay una noche al año en la que veréis reflejados en sus pulilas las imágenes que sus antepasados quisieron guardar. Emprendimos la travesía, durante el día dormíamos en los sitios que ella consideraba seguros y por la noche cazábam os y recorríamos una gran cantidad de camino. Avanzábamos deprisa, los gatos más mayores habían decidido permanecer c Algunas noches ella cogía su varita y efectuaba rituales mágicos. Nosotros la mirába os sin comprender. Más tarde nos explicó que eran rituales de protección. Dijo que, aunque nosotros no lo viéramos, había influjos que podían perjudicarnos. En la transmisión oral nunca se dijo cuánto tiempo tardaron estos aventureros en llegar a su destino, sólo quedan los hechos importantes que por aquel entonces acaecieron. Uno de ellos fue la primera partición del grupo. Caminábamos siguiendo las orillas de un gran río, hoy conocido como Rhin. A lo largo de su rivera había árboles que se perdían en el cielo, abundante caza y muchos lugares seguros donde descansar durante el día. Una noche el Hada desapareció. Era algo que hacía con cierta frecuencia y no le dimos demasiada importancia. Cuando regresaba, nos explicaba que había estado explorando el recorrido que haríamos al día siguiente para saber si había algún peligro imposible de salvar y así poder evitarlo. Aquella noche tardó más de lo habitual y cuando llegó no lo hizo sola. U n grupo de gatos de aspecto rarísimo venían con ella. Lo primero que nos sorprendió fue que todos eran del mismo color, pero con un matiz muy original. Su cara, cola y patas eran más oscuros que el tono de su cuerpo. Éste era com o el color de la tierra dorada y los extremos se oscurecían gradualmente hasta parecer, al final de sus extremidades, prácticamente negros. Estaban calzados con unas botas blancas que terminaban en forma de uve invertida en la parte posterior. Otra cosa que nos maravilló fue que tenían el pelo muy corto y, todos, absolutamente todos, los ojos azules. Eran sorprendente ente hermosos. Nos contaron que venían de un lugar tan lejano que llevaban generaciones caminando en busca del sitio donde querían vivir. Estaban protegidos por el poder de una diosa que tenía el cuerpo de oro y ojos de zafiro. Eran los portadores de las almas de los sacerdotes de un templo sagrado, en lo que hoy se conoce como Birmania. Esa noche compartimos la cena y, en vez de continuar camino, nos quedamos con ellos dándonos unos días de descanso. Era realmente difícil renunciar a aquellas tierras y seguir adelante. El Hada no dijo nada y dejó que disfrutáramos de aquellos días de gozo. Cuando consideró que no podíamos retrasarnos más, nos convocó y dijo que teníamos que reanudar nuestro viaje. Todavía quedaban duras jornadas y mucho trecho hasta llegar a su casa. Fuimos llegando y nos sentamos alrededor de una lumbre que ardía sin madera y que iluminaba un claro del bosque. Se oían risas y pronto descubrimos que el amor había nacido entre algunas parejas. ¿Qué hacer cuando el amor ha decidido por nosotros? De esa manera algunos de los nuestros decidieron seguir otro camino en busca de un río, llamado en la actualidad Sena. De esa nueva unión, más tarde, mucho más tarde, saldría otra escisión que emigraría, pasado largo tiempo, a un lugar al que, para llegar, había que cruzar un gran mar, un continente al que llamaron Nuevo. Este clan tenía una particularidad, conservaron el color de la tribu primitiva, los nuestros aportaron esa característica tan típica en los Noruegos: una uve blanca invertida en la cara. Este clan se afincó en esa nueva tierra, en lo que hoy conocemos como California y los humanos les pusieron el divertido nombre de Muñeca de Trapo. El Hada los protegió con un hechizo y, entre risas y lágrimas, nos despedimos. Cada vez hacía más frío, nuestras patas se hundían en la nieve y la comida era muy difícil de conseguir, pero seguíamos hacia adelante. Durante muchas y largas jornadas, ella nos alentaba y decía que en su país hay que acostumbrarse a vivir con días largos y otros en los que la luz aparece de forma mortecina y sólo durante un corto espacio de tiempo. Subimos hacia el norte, hasta encontrarnos con los renos lapones, ¡qué increíbles y hermosos animales!. Descansamos unos días y, ahí, se produjo la segunda separación. Algunos de los nuestros habían entablado amistad con aves que viajaban desde la estepa siberiana hacia el sur de Europa, contaban maravillas de las llanuras siberianas. El espíritu aventurero de algunos clanes se impuso y decidieron ir con ellas hacia aquellas tierras. Nos despedimos, con gran pesar, de nuestros hermanos. Más tarde, el Hada nos dijo que todo ésto estaba previsto de antemano, pues los dioses nos habían reservado ese destino con el propósito de que nuestra sangre y nuestra bondad se propagase por distintos lugares de la Tierra. Continuamos hasta llegar al Círculo Polar Ártico. Desde ese punto debíamos cruzar un gran lago para pasar hacia Suecia, última etapa hasta llegar a casa. Nuestra protectora movió una vez más su varita y tomó el aspecto en que se mostró a nosotros por primera vez. Se retiró y vimos cómo un Unicornio bajaba desde el cielo hasta posarse a su lado, el Hada acarició sus crines y le susurró algo al oído. El Unicornio emitió un suave relincho a la vez que movía la cabeza con un gesto afirmativo. Nos fuimos subiendo a su grupa y agarrados a sus crines en grupos de cinco nos fue depositando en la otra orilla. Atravesamos Suecia y llegamos finalm ente a nuestro nuevo hogar. Era tan hermoso como el Hada que nos había conducido hasta allí. Algunos días más tarde llegamos a un bosque. En la profundidad descubrimos unas casitas, reinaba una actividad frenética. Allí estaban todas las Hadas, la de Cenicienta, la de Blancanieves, la de la Bella Durmiente, las madrinas, las de los deseos. Nos recibieron mirándonos incrédulas. Nuestra amiga había superado la prueba. Éramos justo lo que necesitaban: útiles, hermosos y novedosos, pues nunca habían visto un gato tan especial como lo éramos nosotros. Rápidamente nos buscaron sitio en las diferentes cabañas y así comenzamos a vivir con las Hadas. Al año siguiente, les llegó la invitación de Thor para una fiesta en honor a Freya. Revoloteaban y charlaban animadamente sobre qué regalo ofrecerle a la diosa, cuando nuestra amiga señaló a una pareja de gatos blancos que dormitaban sobre el tronco de un árbol. Se acercaron a ellos y les comunicaron la gran suerte que habían tenido. Irse a vivir con una diosa no ocurría todos los días. Llegó el día de la fiesta, nos reunieron a todos y haciendo un corro, el Hada más im portante sacó su varita mágica y, envolviéndonos, nos transportó hasta el palacio de Thor. Nuestra Hada Madrina había tomado como gato al que llegó a su cabaña en el Kurdistán, era enorme, serio, seguro, un gato atigrado con las patas blancas y enormes bigotes. Se entendían tanbién que prácticamente no cruzaban palabra, adelantándose el uno a los deseos del otro. Thor se sintió muy complacido con nuestra presencia y elogió largamente el obsequio que las Hadas llevaban para su amada. Ella se acercó a los gatos les acarició la cabeza y les dio un regalo: los gatos blancos de los Bosques de Noruega serían los portadores de la tradición que algún día les sería desvelada a los humanos. Desde entonces ha ido pasando de generación en generación, hasta nuestros días, siempre a través de Noruegos blancos que prácticamente llevan impresa en su memoria la historia tal y como ocurrió. Freya dijo: "Llegará un humano de muy lejos. De la estirpe blanca que siempre recordará la nieve, nacerá una gata depositaria del secreto y la tradición. Nacerá muy lejos de estos bosques. Su nombre será Chispa. El humano llegará del Sur. Se encontrarán en el centro de Europa y la primera palabra que le dirigirá el humano será Hada. La gata viajará con el humano hacia el país del sol. Esa será la elegida para desvelar a todo el mundo el secreto y la leyenda. Será un tiempo distinto en el que la magia tendrá otras formas de manifestación. Cuando cambie el milenio, el día de su octavo cumpleaños, contará, a través de una máquina, al mundo entero nuestro secreto guardado con tanto celo de generación en generación". Sin embargo, hubo filtraciones y los humanos cuentan algunos hechos, pero nunca se ajustaron completamente a la realidad.
Pasaron muchas épocas que el tiempo humano no puede ni medir ni comprender, sólo algunos que creen en la fantasía quizás logren acercarse a la época en el que los Bosques de Noruega vivíamos con las Hadas y algunos, con los dioses. Un día las Hadas nos reunieron y nos explicaron que debían marcharse a otras dimensiones. Unas pocas se quedarían para cuidar de los niños y de la fantasía, pero el resto debía emprender un camino que ni nosotros podíam os llegar a entender. Nos dijeron: "Ahora ha llegado el tiempo del hombre, debéis convivir con él. Encontraréis seres humanos que os quieran y os protejan, también algunos que os desprecien y os traten mal; forma parte de su aprendizaje. Algunos de vosotros sufriréis, pero no está en nuestra mano vuestro futuro, de ahora en adelante serán los hum anos quienes se ocupen de él". Nos diseminamos por toda Noruega, Suecia y Finlandia. Poco a poco, nos acercamos al hombre y, como habían pronosticado, hubo muchos que se portaron bien, acogiéndonos en sus hogares, alimentándonos y dándonos afecto. El último regalo que nos hicieron las Hadas, para poder subirnos a los brazos de los humanos sin hacerles daño fue hacer que nuestras uñas, siempre a la vista hasta esa fecha, tuvieran la posibilidad de meterse para dentro. De esa manera, seguiríamos teniendo una herramienta indispensable para sobrevivir y la posibilidad de no dañar la frágil piel de esta especie tan poco preparada para subsistir. Dentro de la comunidad vikinga había un clan de humanos aventureros y viajeros como nosotros, algunos de los nuestros se fueron a vivir con ellos deseosos de aventuras. Se enrolaron en sus Drakars y cruzaron uno de los mares más grandes del mundo. Cuando llegaron y vieron lo hermoso que era, salvaje y agreste, se quedaron. Con el paso del tiempo, los humanos les llamaron Maine Coon. Hoy, 7 de Junio del año 2000, cumplo ocho años y el m omento ha llegado. A partir de hoy, nuestra verdadera historia navegará por los nuevos Drakars. Viajará m ás veloz que el viento y llegará a todos los lugares del mundo, sólo con apretar un ratón. Hada, Yjskra, Chispa
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